Lo Que Esconde La Derrota Del Barcelona En Mnich

  • Crónica El Barcelona no escapa de su pasado en Múnich
  • El cortador Lewandowski desapareció en Múnich

Si hay algo que saca de quicio al presidente Joan Laporta son las derrotas. Acostumbra a llevarlas fatal y puede pasar noches interrogando a todo aquel que se cruza en su camino para encontrar respuestas, ya sean directivos, ejecutivos, miembros del cuerpo técnico o jugadores. Pero en la noche de Múnich, el mandatario azulgrana estaba relajado. Incluso tenía buen color. Se acercó a la entrada del autocar que debía recoger a los jugadores y trató de animar a cuantos pudo. Incluso se tomó su tiempo con Robert Lewandowski, que de repente se secó justo en el escenario donde más se le esperaba. Le abrazó. Le hizo alguna carantoña y le arrancó alguna sonrisa. Laporta entendía que, pese a la derrota (2-0), el juego mostrado por el equipo merecía esta vez la comprensión.

Pero que el Barça jugara como nunca y perdiera como casi siempre en territorio bávaro, donde los azulgrana nunca alzaron los brazos, sí provocó en el técnico Xavi Hernández un enfado que él mismo quiso exteriorizar. “Tuvimos una oportunidad de oro para ganar en este campo de una vez por todas. El año pasado sí fueron muy superiores, pero esta vez les sometimos. Aunque fallamos muchísimo. Nos quedamos solos delante del portero tres, cuatro veces, y nada. Fuimos mejores, pero esto va de ganar”.

Fue el Barça un equipo que supo llevar al límite al Bayern en el primer tiempo, pero al que le bastaron dos errores defensivos enhebrados en cuatro minutos (el marcaje de Marcos Alonso a Lucas Hernández en el 1-0; la pasividad con la que el equipo dejó avanzar a Musiala y Sané por el centro en el 2-0) para mostrar que su estabilidad emocional es todavía demasiado frágil.

Perdonó el Barcelona de lo lindo en el Allianz. Remató 18 veces (13 el Bayern), y fue capaz de amontonar hasta 10 disparos en el primer tiempo, registro que ningún equipo lograba como visitante ante el Bayern en competición continental desde 2008. Pero donde no llegó Neuer (determinante en sus paradas a Pedri y Lewadowski), lo hicieron los nervios e incluso el palo, donde se estrelló el canario ya en el segundo tiempo.

Asumiendo que el Barcelona no jugó esta vez de rodillas, sino de pie y con el mentón arriba, la derrota desveló problemas que condicionan por ahora la competitividad en la Champions.

El apagón de los extremos

Raphinha y Dembélé venían realizando un inicio de temporada fantástico. El brasileño, mezclando inteligencia futbolística y determinación con el sacrificio defensivo. El francés, logrando que su caótico despliegue no fuera pernicioso para su equipo, sino para el rival. Incluso hace unos días su entrenador ya le ponía a la altura del mejor Neymar. Pero este Barcelona que Xavi procura que crezca a partir de la incidencia de sus extremos se encontró en Múnich con la peor versión de ambas piezas.

Raphinha, si bien dispuso de dos buenas ocasiones, una por acto, apenas pudo intervenir en el juego. Fue un tormento para él tener que perseguir a Alphonso Davies, que le ganó la espalda cuantas veces quiso.

Aunque peor estuvo Dembélé. Ni siquiera le salvó que protestara con razón un claro penalti de Davies. En la noche en la que el francés debía mostrar que, tras cinco temporadas, ya estaba preparado para ser un futbolista decisivo en una gran cita, no pudo evitar el naufragio. No disparó a puerta. Sólo completó tres de los 10 regates que intentó y, en los 80 minutos que estuvo en el campo, perdió 25 veces el balón.

El pesar de Koundé

A Jules Koundé le preguntaron la pasada semana si le importaba jugar de lateral. Por supuesto, dijo que no. Pero dejó claro que su posición no es otra que la de central. Por algo el Barcelona acometió la inversión este verano de 50 millones de euros (variables y comisiones a un lado) por uno de los mejores defensores del continente. Pero Xavi, al menos por ahora y pese a haber reclutado a Bellerín (cuarta opción tras no poder incorporar a Azpilicueta, Foyth o Meunier), prefiere que Koundé se ubique en el carril en los partidos de máxima exigencia.

El ex futbolista del Sevilla cumplió con su cometido en el Allianz. De hecho, Mané, quien debía atacar su zona después de que Nagelsmann lo alejara del área, pasó del todo desapercibido. Pero la sensación de que Koundé quedaba desaprovechado en la orilla fue marcada, más aun ante el irregular momento de Araujo.

La gestión del centro del campo

Sorprendió que el primer futbolista del eje en ser sustituido fuera Gavi, que en el primer tiempo, como escolta de Pedri, había llevado por el camino de la amargura tanto a Kimmich como a Sabitzer. Xavi, consciente de que debía dar cuerda al despliegue de Frenkie de Jong una vez Nagelsmann recurrió a los pulmones de Goretzka, prefirió en cambio mantener a Sergio Busquets en el campo hasta el minuto 80. Después de que Piqué y Alba hayan perdido todos sus privilegios, y de que Sergi Roberto sea un mero reservista, Busquets se mantiene todavía firme en su posición.

El Barcelona, en cualquier caso, tiene en Gavi a un futbolista estructural. La entidad oficializó por fin este miércoles su renovación hasta el 30 de junio de 2026, quedando su cláusula fijada en 1.000 millones de euros.

El papel de los revulsivos

Ante el reto de corregirse y de levantar un resultado adverso, Xavi, con media hora por delante, recurrió a Ferran Torres. Ocurre que el delantero valenciano ha perdido su luz. Ya sea porque se ha creído su nuevo rol de jugador secundario, ya sea porque aquella obsesión constante de reivindicación que ya sufrió la temporada pasada continúa sin dejarle vivir en paz. Mientras, Ansu Fati sigue asomando en periodos tan breves (10 minutos esta vez) que resulta imposible descifrar cuánto hay que remontar aún en lo físico, y cuánto en lo mental.

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