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El triunfo del Real Madrid antigalctico

  • La fiesta del Madrid Las lágrimas de Marcelo, el “Y nada más” de Ancelotti y la promesa de Hazard
  • Los 14 momentos de la 14ª “Como esta Champions al completo, ninguna”
  • Álbum La fiesta del Real Madrid por la decimocuarta

El mismo Florentino Pérez que se marchó del Madrid que había creado porque no podía dominar a los galácticos, se abrazaba paternalmente a los campeones en la hierba de Saint Denis. Todos ganaron la Champions, pero el Madrid de la Decimocuarta es el que lo hace con menos ego, después de hacer cumbre en Europa sin Cristiano y con sus dos grandes inversiones y principales sueldos, Bale y Hazard, fuera del campo y del foco.

Florentino dice de sus jugadores que son «muy profesionales y madridistas». Con lo primero es suficiente, porque la profesionalidad implica compromiso, aunque es cierto que la cohabitación ha generado una adhesión poco común. Lo reconoce Carlo Ancelotti: «He pasado toda mi vida en vestuarios y he dirigido a muchos equipos, pero éste es probablemente en el que me ha resultado más fácil por la colaboración de los jugadores».

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DE ANCELOTTI

La gestión del italiano, un autodidacta de la inteligencia emocional, no es ajena. Es un equipo del que Marcelo, cuya voluntad era continuar, se despide sin reproches, algo poco habitual en el fútbol español, en general, y en el Madrid, en particular. Un equipo en el que han crecido los jóvenes, la apuesta alternativa del presidente a las operaciones en las que ahora mandan los clubes-estado, y que tuvo en la final dos grandes protagonistas: Valverde y Vinicius. Rodrygo ha sido clave en el camino hacia el título y Camavinga se deja ver mientras sigue los consejos de Benzema para cumplir una integración sin errores. La transformación de Benzema en su madurez ha sido fundamental para convertirlo en el líder del gol y el juego, y en un referente por su compromiso y comportamiento. Marginado por su selección durante años a raíz del ‘caso Valbuena’, el Madrid pasó de ser su club a su hábitat emocional. En su equilibrio influye, asimismo, su nueva vida en Madrid, con su antigua pareja e hijos.

De Benzema, Modric o Kroos no se conocen manifestaciones extemporáneas. Llegan, saludan, juegan y ganan la mayoría de las veces. No generan animadversiones que traspasen el umbral de las rivalidades. Es algo fundamental para la estabilidad de un equipo. Los tres juntos costaron 10 millones menos de lo que el Madrid pagó por Bale o por Hazard. El rendimiento no tiene comparación.

EL SALARIO DEL “GOLFISTA”

A pesar de que Ancelotti jamás lo dirá, como tampoco hizo Zidane, ambos se hastiaron de la escasa profesionalidad del galés, un hecho que puede contaminar la convivencia de un vestuario, en especial cuando el resto siente que ofrece mucho más en el campo por menos salario. A Sergio Ramos lo crispaba. En cambio, este grupo lo aisló, sin dejar que esa toxicidad le contaminara. Le llamaban el «golfista». En su segunda etapa, el entrenador no ha tenido que escuchar que el presidente le preguntara la razón de que Bale no jugara.

El sentido de la justicia es, asimismo, fundamental. Ancelotti ha convivido con Berlusconi, la familia Agnelli, Al-Khelaifi, Abramovich y Florentino. Tiene un máster en presidencialismo y sabe, como reconoce en uno de sus libros, que existen servidumbres comerciales para el entrenador. Esta vez no se ha plegado. Hazard se lo puso fácil. Vinicius, Rodrygo, Asensio o incluso Lucas Vázquez han estado por delante del último fichaje estratégico del Madrid, con muchas lesiones. Ese fracaso es el que, hoy, recomienda cautela a la hora de salir al mercado tras el no de Mbappé.

Es difícil que las variables que han permitido consolidar al campeón de la Champions lleven a Florentino a descartar los fichajes de grandes iconos. El Madrid siempre ha contado con ellos y el modelo de negocio del club, una de las principales marcas de la industria del fútbol, los necesita. La apertura de un Bernabéu futurista, la próxima temporada, también lo reclama.

La diferencia son los riesgos y las prisas. Ni existen demasiadas opciones, más allá de Mbappé y Haaland, ya colocados, ni cree el presidente que deba entrar en las subastas donde pujan los clubes-estado de forma compulsiva. Los tiempos han cambiado. Probablemente, Florentino también.

La Decimocuarta es la sexta del dirigente, tantas como Santiago Bernabéu. Curiosamente, también su sexta, la del Madrid ye-yé, en 1966, llegó con un equipo que había perdido a la mayoría de las estrellas de su gran época, salvo Gento. Fue la primera Copa de Europa después de Di Stéfano, del mismo modo que en París fue la primera Champions después de Cristiano. En Bruselas jugó un Madrid con un once español y en París lo hizo otro con un solo español entre los titulares, Carvajal. Todos, sin embargo, dejaron su ego en la taquilla del vestuario.

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