El Mpetu Del Atltico Se Viste De Drama

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No había balas en la recámara del Atlético, que se aboca al drama a las primeras de cambio en esta Champions en la que no despega. Se quedó seco ante el Brujas, mejores intenciones pero pólvora mojada, como si Mignolet fuera una pesadilla, 180 minutos intentando un imposible ante el meta belga. Con cuatro puntos en cuatro jornadas, a los de Simeone sólo les vale ganar al Leverkusen y en Oporto si quiere estar en octavos. [0-0: Narración y estadísticas]

El partido fue el cuero en el rostro de Mignolet cuando Morata remató a dos metros de la línea de gol en el 87. La impotencia del que lo puso todo. Por tierra, mar y aire pero sin premio, a veces de forma asombrosa. Recuperó el colmillo y el ímpetu el Atlético, incluso por momentos la identidad en la noche más señalada de lo que va de temporada, tan temprano con estas prisas. Pero a veces la frustración es mala compañera de viaje.

No se puede discutir el talento ofensivo que maneja el Cholo y habrá que buscar en lo mental la falta de contundencia que le aboca a un escenario extremo. Remató a puerta de manera compulsiva, generó y puso contra las cuerdas a un rival que por momentos achicaba como podía. Pero no fue capaz de cantar un gol y eso no deja de ser un problema.

Simeone sacudió el once, consciente de que su equipo necesitaba una vacuna contra la pasividad, un resorte para los días grandes, tarde-noche de Champions con poquísima red. Inyectó la energía de Kondogbia y Saúl en el medio y mantuvo la chispa de Correa, bigoleador el sábado. Y, aunque el plan pareció torcido de inicio, con dos llegadas por la derecha del Brujas para desatar los murmullos, pronto el Atlético se lanzó a la yugular del Brujas como un león a su presa.

Las oportunidades de Griezmann

Fue una tormenta imperfecta, porque ya le faltaba la puntería, ese punch que también se echó en falta en el Jan Breydel hace una semana. Pero el pimpampum fue de lo mejor del Atlético esta temporada. Porque llegó desde la inercia de la presión y desde el talento a la hora de romper en estático. Un robo de Lemar dejó a Griezmann mano a mano con Mignolet, quien logró despejar, héroe desde bien pronto. Un preciosa combinación por el medio, con Correa tirando paredes como si tuviera un yo-yo en sus botas, le dejó de nuevo frente al portero belga. Un tiro de Kondogbia, un tanto anulado a Saúl por fuera de juego y otro remate de Griezmann a un espectacular centro del propio Saúl… Una avalancha sin el premio del gol, 20 minutos de frenesí.

Al Brujas se le vieron las costuras por primera vez en esta sorprendente Champions en la que tienen pie y medio en octavos. Un pase de Giménez dejó a Griezmann más sólo de lo que creía. Pero volvió a errar. Y entonces, se celebró un gol en el Metropolitano. Aunque realmente no fue un gol.

Era la segunda vez que ocurría. Un córner demasiado sencillo a las manos de Mignolet que acababa de vuelta en la portería de Oblak. Pero ahora Buchanan se adentró con tanta facilidad que a Molina no le quedó más remedio que cometer un penalti clamoroso. No protestó nadie. Pero mientras todos pensaban cómo escapar del drama en la segunda parte, el VAR trabajaba. El canadiense había pisado previamente al argentino. Penalti anulado. Festejos de alivio en el Cívitas. Uf.

En tromba

En vez de darle vueltas al porqué no iba ganando este partido, el Atlético dedicó el descanso a preparar la carga. Partió cómo si realmente el fútbol le debiera el triunfo, en tromba, espoleado por unas tribunas que ahora sí reconocían a su equipo. En cuatro minutos hubo un gol anulado a Correa, de nuevo por fuera de juego. Y otro mano a mano de Griezmann, más claro que ninguno, que despejó Mignolet y Correa no atinó después en el rechace.

El asedio. Ahora sí, el Brujas parecía el Brujas, pese a alguna salida esporádica con algo de peligro. Simeone intentó dar más frescura con la entrada de Morata, Carrasco y el silbado De Paul. Pero el partido se encaminó a su recta de meta sin mayores sobresaltos, con un querer y no poder, con más prisas que ideas claras ahora.

Y eso al Cholo no le gustó, pues en su equipo desbocado vio fisuras, intuyó la derrota y optó por meter a Witsel por Griezmann, para otro cabreo de Joao Félix. Un centrocampista por un delantero con la vida en juego.

Y aún así, en la volea de Morata que impactó en la cara de Mignolet y otra ocasión clarísima de Cunha pudo celebrar un triunfo que esta vez hubiera sido merecidísimo.

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