El Fabuloso Rcord De Caro, Con 810 Minutos Sin Encajar En El Burgos: “Ojal Casillas Me Diese

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Cinco minutos en cada partido y como delantero. «En mi primer equipo me ponían para chocar un poco, porque de portero ya jugaba otro». Aquel niño, hijo de un directivo, quizá se alegre hoy de no haber conseguido apartar de la portería a José Antonio Caro (La Palma del Condado, 1994), convertido en el guardameta que acaba de batir el récord de minutos sin recibir gol en las primeras nueve jornadas de una temporada de Liga: 810 minutos sin recoger un balón de la red, 55 más de los que aguantó Claudio Bravo con el Barça en la campaña 2014/15. Caro lo ha hecho con el Burgos, en Segunda División, para convertirlo en el único equipo de los grandes campeonatos europeos que no ha encajado. Está a cuatro partidos y 16 minutos del registro absoluto de imbatibilidad en España que alcanzó Abel Resino con el Atlético de Madrid: 1.275 minutos, 15 partidos en la temporada 1990/91. Un poco más lejos aparecen los 1.311 de Edwin van der Sar de la 2008/09 con el Manchester United en la Premier.

«De todo esto no tenía ni idea hasta hace unos días. Me empezaron a llamar amigos y familiares para avisarme y ya me he aprendido todo sobre los récords», bromeó ayer recién salido del entrenamiento para preparar el duelo de mañana ante el Andorra en la Liga SmartBank. Él sabe que no será fácil alargar la racha y destaca el papel de sus compañeros. «Es un trabajo de todos, con sacrificio y humildad. Lo importante es que el equipo siga sumando, aunque está claro que no encajar ya te asegura un punto», admite.

Caro tiene revolucionado al Plantío, que aplaude cada una de sus paradas, pero también a La Palma de Condado, el pueblo onubense donde nació y vive toda su familia. Allí le conocen como Churripi, un apodo que ha heredado de su abuelo materno y que lució en sus camisetas hasta que llegó al fútbol profesional. Allí es un ídolo, como también lo fue Miguel Pardeza, miembro de la Quinta del Buitre, un paisano al que no vio jugar.

El vínculo con el Sevilla

«Mis primeros guantes me los puse en el Siempre Alegre, un equipo del pueblo, pero muy fuerte que juega en todas las categorías andaluzas. Entré como benjamín», cuenta. Y allí es donde el hijo de aquel directivo le disputaba la portería y le obligaba a salir al ataque.

Disputando la Liga Nacional juvenil llegó la llamada con la que soñaba. «Al principio de temporada contactó conmigo el Sevilla, que quería que fuera a entrenar un día a la semana durante tres meses. Fueron viajes que acabaron en Navidad, cuando me incorporaron a División de Honor. Se adelantaron al Córdoba, al Betis o al Cádiz», rememora. Desde ese momento, la familia se olvidó de su afinidad con el Recreativo de Huelva para adoptar los colores del Sevilla. El Churripi futbolista compensó a sus padres con la compra de una casa.

En la cantera vivió uno de los momentos más dulces: el ascenso a Segunda División con el filial, el Sevilla Atlético. «Nos entrenaba Diego Martínez y coincidimos futbolistas como Carlos Fernández (Real Sociedad), Curro Sánchez (Almería cedido al Burgos) o Antonio Cotán (Numancia). Fue una temporada brillante», recuerda. En un brazo lleva tatuada la cara de sus padres festejando.

«Se alegrarán cuando se enteren»

En aquella portería se asentó por el ascenso al primer equipo David Soria, siguiendo los pasos de Sergio Rico, a quien ya había citado Unai Emery. «Con todos ellos mantengo contacto en redes y sé que se alegrarán cuando se enteren del récord», asegura. Lo único que le quedó pendiente de su paso por el conjunto hispalense fue el debut con el primer equipo. Fue citado por Jorge Sampaoli para cuatro partidos de Liga y la Supercopa, pero no saltó al césped.

De la cálida capital andaluza pasó al frío, con sus manías de vendarse los dedos y las muñecas con sumo cuidado. Primero Valladolid, con cesiones en Albacete y Ponferrada, y ahora Burgos, donde se ha afianzado en las dos últimas temporadas. La pasada, peleando la titularidad con Alfonso Herrero, hoy en el Mirandés; en esta, con la confianza del técnico Julián Calero. Por culpa del récord, las bromas y las presiones se suceden en el vestuario. «Me están pidiendo muchas cosas, pero mejor no hablar mucho», bromea. A él solo le gustaría una: «Conocer a Iker Casillas. Ojalá pudiera darme consejos». Mensaje a LaLiga: si hay más trofeos para Caro, que se los entregue Casillas.

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