El Barcelona Vence Al Cdiz En Un Nuevo Mirandilla Conmocionado

El fútbol no tiene sentido sin sus aficionados. Son ellos los que animan y sufren, los que permiten que existan los héroes. Son los que hilvanan sus vidas con el balón como fuente de recuerdos. Y de esperanza.

Un seguidor sufrió un colapso en el Nuevo Mirandilla durante la disputa del Cádiz-Barcelona. Y ante una situación tan dura como insólita, el árbitro Del Cerro Grande detuvo el partido en el minuto 81, cuando el marcador mostraba un momentáneo 0-2. El estadio se quedó en silencio. Y comenzaron a sucederse escenas tan humanas y emotivas como preocupantes. Fue el portero Jeremías Ledesma quien corrió cuanto pudo para lanzar un desfibrilador a la grada. Y fue el centrocampista José Mari quien tuvo que ayudar a un sanitario a llevar hasta el gol sur la camilla con la que el afectado pudo ser trasladado a la ambulancia. Todo por salvar una vida.

Ronald Araujo rezaba. A Mbaye se le humedecían los ojos. Y un operador de cámara, ante el impacto de lo ocurrido, tuvo que ser también atendido en la zona de tribuna. El partido se reanudó 59 minutos después. Con los jugadores del Cádiz desconcertados, el Barça sumó dos goles más a su cuenta.

Atrás quedaba un triunfo que a los azulgrana les costó casi una hora encauzar gracias al tanto de Frenkie de Jong tras una gran combinación de Raphinha con Gavi. Después, no hubo más que esperar a que Lewandowski continuara cazando mariposas (lleva ya seis tantos en cinco jornadas de Liga, nueve contando la Champions), pero también regalándolas (cedió el 0-3 a un Ansu que pidió perdón a la grada). Dembélé zanjó la noche cuando ningún jugador del Cádiz estaba ya con ánimo suficiente para perseguirlo.

El Cádiz de Sergio González ni ha puntuado ni ha marcado esta temporada. Cierto. Pero al equipo azulgrana su visita al Nuevo Mirandilla le llegaba en un momento peligroso, a tres días de reencontrarse con el Bayern en Múnich en un duelo donde se medirá su competitividad en Europa. Algo quedó claro. Sin Koundé, Pedri, Dembélé y, sobre todo, Lewandowski -todos ellos en el banco de inicio-, el Barcelona se muestra más incoherente en la construcción y menos lúcido en ataque. Si bien Bellerín y Piqué, ambos titulares, no tuvieron motivo alguno para inquietarse -el mejor defensor fue Balde, que además reclamó con razón un penalti de Alejo-, muchas más dudas dejaron las novedades del frente.

Ferran Torres perdió 14 balones en 57 minutos. Y Memphis, que rechazó las ofertas que tuvo en el mercado invernal, descarriló. Trató de emular los regates estrambóticos de Julio Salinas en Wembley 92 y se desquició al ver cómo su botín izquierdo le jugaba una mala pasada cuando sólo tenía que empujar a la red.

Ya había puesto Xavi a calentar a sus piezas capitales cuando entre Raphinha, Gavi y De Jong, su mejor triunvirato del primer acto, derribaron la resistencia cadista. El brasileño abrió en canal la defensa con un pase interior, el sevillano tomó la línea de fondo para asistir, y el portero Ledesma, con un manotazo, sólo pudo brindar el gol al centrocampista neerlandés.

Con el viento de cola, ocho minutos pasaron desde que Lewandowski salió al campo y prolongó su rutina goleadora.

Después, con el seguidor tendido en la grada, luchando por su vida, el fútbol se apagó.

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