Dembl No Tiene Explicacin

  • 4-0 en el Camp Nou Narración y estadísticas

Dembélé no tiene explicación. Su fútbol no nace de la cordura, sino de lo absurdo. Cuando no tiene la pelota, transita con los hombros caídos y pone los brazos en jarra. Se siente desnudo. Pero cuando por fin consigue el balón, hace cuanto puede para desatar el caos. En los días malos, no puede haber jugador que quede más expuesto al bochorno que él. Pero cuando la irracionalidad adquiere de repente un sentido, su creación, desvergonzada, se convierte en obra de arte. La contradicción en la que vive es también la nuestra. Lo de Dembélé es un sinsentido.

Cuatro episodios protagonizados por el extremo bastaron para derribar a un decepcionante Athletic que, tal y como le ocurrió el pasado jueves al Villarreal, no supo reponerse a una tormenta azulgrana devastadora (entre el minuto 12 y el 22 encajó tres goles). Ya en el segundo tiempo, Ferran Torres, cada vez más animado, cerró la noche tras la tercera asistencia del francés.

Comenzó Dembélé su espectáculo con un disparo con la zurda que Unai Simón sacó como pudo. Gavi estaba en fuera de juego, pero el árbitro consideró que no influía para nada en la visión del portero. La jugada la recogió Lewandowski, que cambió su rol para poner la pelota otra vez en el área. Y allí estaba Dembélé, que saltó y, pese a cerrar los ojos, logró un cabezazo picado que dejó sin habla al Athletic.

No debió sentirse del todo satisfecho Dembélé con lo que acababa de hacer que volvió a la carga por su orilla ante el sufrimiento de Yuri, incapaz de descifrar a su rival. Sí lo entendió Sergi Roberto, un futbolista con vidas suficientes como para seguir siendo provechoso. Tras advertir el francés el avance de su compañero, le devolvió el balón para que éste cargara. A Unai Simón le traicionó el rebote en Iñigo Martínez.

El giro de Lewandowski

El arrebato siguió con el tercer gol, el más bonito de todos. Dembélé se apuntó otra asistencia, pero nada hubiera ocurrido de no ser Lewandowski quien aguardara en el punto de penalti. Al ariete le encanta girar como una peonza y llevarse por delante a defensas que acostumbran a caer de culo. Un control de espaldas con el pie derecho, y un golpeo con el izquierdo sirvieron para que Lewandowski sumara su duodécimo gol en el campeonato. Son ya 17 en todas las competiciones.

Ernesto Valverde dejaba perder su mirada. El Camp Nou no lo recibió de ninguna manera. Hizo como si no lo conociera. Ni un recuerdo institucional, ni un cántico, ni una pancarta. Nada. Quizá nadie supiera cómo reaccionar ante un entrenador incómodo para quienes entienden el fútbol como un lujoso teatro de marionetas, no como un oficio compatible con una vida terrenal. La normalidad no solo no está bien vista, sino que acostumbra a ser repudiada. A Valverde siempre se le recordará por dos de los derrumbes más duros de la historia de un Barcelona que por entonces trataba de esconder su decadencia (Roma y Liverpool), pero no por la Copa y las dos Ligas ganadas. Porque nada atrae más que la desdicha.

Y Valverde, que sabe cuán puñetero puede ser el fútbol en un Camp Nou donde las malas decisiones te condenan, priorizó la pierna al talento bruto. Así que borró de la alineación inicial a Muniain y Sancet, probablemente sus jugadores más imaginativos, para cargar su equipo de futbolistas mucho menos anárquicos. De ahí que asomaran Oier Zarraga y Ander Herrera -lesionado en pleno apogeo azulgrana y sustituido por Dani García, que también acabó roto- . Nada le funcionó a Valverde. Sólo rondó el Athletic a Ter Stegen en el crepúsculo, cuando Busquets y Eric salvaron el gol sobre la línea.

Lesión de Sergi Roberto

Que la batalla debía librarse en el centro del campo lo entendió también Xavi Hernández, que por primera vez esta temporada hizo jugar juntos a Busquets, De Jong, Gavi y Pedri para recuperar el cuadrado, con el sevillano a la derecha y el canario a la izquierda. Aunque Gavi apenas alcanzó la media hora después de que Dani García se lo llevara por delante. Entró Kessié, que insistió en su escasa delicadeza. El parte médico lo completó Sergi Roberto, que acabó con el hombro hecho unos zorros. En la otra orilla, Balde corrió y jugó de lo lindo.

Inquietó que Ansu Fati dispusiera sólo de media hora. El delantero, que está jugándose el Mundial y que venía de dos buenas actuaciones, continúa sin disponer de esa continuidad que tanto le está atormentando. Él mismo se siente obligado a la reivindicación continua. No es un papel sencillo el suyo. Quien continúa con su proceso de reanimación es Ferran Torres, al que todo le sale.

La confianza lo es todo. Y el Barcelona se ha reencontrado con ella.

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